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Constantino Carvallo Rey

¿Cuál es la importancia del fútbol? Para muchos se trata de un espectáculo, es decir, un objeto para la contemplación sin más consecuencias que arrancarnos del aburrimiento y poner un paréntesis en la vida seria, productiva, real. Por eso alguien ha escrito que el fútbol es lo más importante de aquello que no tiene importancia. Su trascendencia se agota en el espacio irreal del juego, en la insignificancia de las horas perdidas, en la ficción que entretiene y permite el olvido del mundo duro de la razón y los afectos.

 

¿Es así? No lo creo. El fútbol en nuestros países no sólo es parte de la realidad sino que contribuye de manera profunda a establecer la conciencia de sí que tiene una nación. Divierte y entretiene, que duda cabe. Pero también divierte y entretiene la política y uno no duda de su impacto. Los niños crecen amando este deporte singular. Viven leyendo los diarios, mirando la televisión, escuchando la radio, comprando álbumes. Hoy la oferta es inmensa y nuestros niños conocen los equipos del mundo y saben muchas veces más de jugadores de equipos alemanes o españoles que de los del campeonato local.

 

Y lo que miran sobre el césped no es simplemente un juego de pelota, unas destrezas físicas, un despliegue técnico, una estrategia en acción. No. Sobre el campo, y fuera de él, hay una lucha moral. Los valores de una nación, su fuerza moral, se exhibe de manera simbólica en el deporte rey. El coraje, la solidaridad, el temple, la perseverancia, están allí, como la inteligencia aparece en el movimiento del ajedrez. El respeto por la norma, por la autoridad, la caballerosidad, el control de las emociones, fundamento de toda moral, está escenificado en cada contacto, en la actitud, en el espíritu que le da a un equipo su unidad esencial.

 

Y cuando el equipo se llama Perú, el nombre que nos da a todos el gentilicio, y tiene los colores de la bandera que soñó San Martín, hay algo de la vida ideal de  la patria que se pone en evidencia. Conozco un estudio sobre el modo como la identificación de la selección nacional uruguaya con la garra de la población charrúa ha llegado a influenciar en la moral del pueblo uruguayo. El uruguayo se siente luchador, obstinado, difícil de vencer. Porque así eran los charrúas y así es la selección.

 

¿Cómo es el Perú, qué virtudes morales exhibe? Habituados a las derrotas, a los conflictos internos, a la separación, nuestras selecciones, símbolos de la patria, fracasan una y otra vez dejando tras cada presentación una sensación de impotencia, de ineptitud y fragilidad moral.¿Es este un hecho sin importancia que podemos ubicar apenas en la sección deportiva de los medios? No es verdad. La sección deportiva se cuela bajo la piel de nuestros niños con mayor destreza y profundidad que las lecciones morales del hogar y la escuela. Y los constituye. ¿Qué imagen tiene del Perú un niño que ve a su equipo perder y perder, como nuestra reciente sub20, y que no puede hinchar por su patria en el concierto mundial?

 

Tendría que preocuparnos esta construcción sutil de la identidad y nuestros dirigentes deberían asumir la gravedad de aquello que tienen en sus manos. No un juego banal ni una diversión sin consecuencias sino la responsabilidad en la construcción del amor propio y la identidad moral del pueblo que contra toda esperanza vuelve a sentarse, para mirar, para hablar de fútbol en la tribuna, en la sala, en la esquina.