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Todos los cabezones / El Cabezón 10

VIEJO SABIO Y GRANUJA

Martín Adán, VIEJO SABIO Y GRANUJA * Sé que si llegaras a mi barrio los muchachos dirían en la esquina: Qué tal viejo, che' su madre Un hombre ha llegado a los 75 años. Tiene los ojillos irritados, la calva maltratada y el oído que se pierde como un examen en el fondo de la mesa. No es ni alto ni bajo, más bien grueso, gran fumador y campeón en lides de trago y chirigota. Ya no pasea su temo oscuro con rayas, su sombrero de paño, su mirada traviesa por Barranco o las calles más oscuras del Cercado. Todavía no despierta de su sueño, íte salido algunas noches ha traernos los libros más bellos y terribles de la vida, ha decirnos que ya está bueno de tanta joda y que vayamos simplemente a mirar el mar. Hemos realizado una entrevista para conocer la zona más clara de esa negra leyenda que significa Adán. Conversamos con Estuardo Núñez', compañero de carpeta en el Colegio Alemán allá por los años veinte, sobre la adolescencia del poeta.

Estuardo Núñez: "NOS TOMABA EL PELO A TODOS" —¿Podría relatarnos cómo conoció a Rafael de la Fuente? —Fue de una manera muy imprecisa: en la forma que se conocen los compañeros de clase que nos toca frecuentar en el colegio. De los primeros años de estudio, años 21 ó 22, no tengo un recuerdo muy nítido de él porque aún no destacaba; su figura ha venido a destacarse cuando entramos a la secundaria, entonces empezó a distinguirse en los cursos de gramática, castellano, alemán y, posteriormente, literatura; no en matemática, para el cual era negado.. . Después nos unió más la circunstancia de que ambos vivíamos en Barranco y que hacíamos juntos el trayecto en tranvía, entre Barranco y Lima. Estos viajes eran magníficas oportunidades para conversar con amplitud, comentar e intercambiar los libros que leíamos. —¿Había empezado ya a escribir poesía o cuentO? Sí, en los años superiores comenzó sobresa lir como poeta. El mostraba o-leía sus poemas que eran de corte satírico, humorístico; aquí

nos tomaba el pelo a los alumnos y a los profesores, poniendo "en solfa" ciertas cosas con: mucha gracia. —¿Tenía su conducta el mismo carácter? —No, no era su conducta traviesa sino más bien hermética, silenciosa y hasta un poco religiosa. En su casa, sobre todo su tía Tarcila, querían inducirlo al ejercicio religioso y eso fue motivo para que nosotros lo molestáramos llamándolo "el cura". —Parece ser que La casa de cartón fue escrita por esta época. — ¿Tuvo usted acceso a los primeros escritos? —Sus amigos irás íntimos descubrimos que Martín Adán escribía en un cuaderno especial, una libreta de prescripciones médicas. AHÍ conocí muchas páginas de La casa. . ., que después él nos leería. —En esta obra, que publicará recién a los Veinte años y que parece ser una autobiografía, se revela la presencia de un espíritu francamente cuestionador y burlón, de rechazo a las relaciones familiares, de irreverencia al academicismo, etc. —^¿Se notaban esos rasgos en su personalidad? —Puede ser que hayan algunos elementos autobiográficos pero definitivamente no es su vida, esa obra es imaginación; yo tengo la seguridad que él no tuvo muchas de esas experiencias. Claro que había alguna liberación en ciertas actitudes, pero él no era un niño rebelde, más bien acataba las disposiciones familiares. . . después, terminado el colegio, empieza a producirse el desdoblamiento: el Martín Adán que se rebela y el Rafael de ta Fuente que obedece. —¿Cuándo surge el seudónimo? ¿Qué significa? —Cuando empieza a frecuentar las tertulias de la Revista AMAUTA. Mariátegui, el director, publicara sus primeros poemas ya con el seudónimo. Jamás nos explicó su significado, nunca hablamos de eso. —¿Y ustedes, sus íntimos, cómo lo llamaban? —En el colegio siempre fue Rafael, en las tertulias, por ejemplo en la casa de Eguren que está cerca al colegio de ustedes, era Martín. —Quisiéramos saber algunas cosas curiosas, como si fumaba, practicaba deportes, enamoraba, iba a fiestas. No, no hacía ningún deporte, tampoco recuerdo que fumara. Jamás asistía a fiestas o a reuniones sociales. Nunca le conocí una amistad femenina. _

—¿Son éstos síntomas iniciales de ese desmoronamiento moral, anímico/físico óue padecerá después? —No tanto, eso será un proceso tentó que se opera en Martín Adán ya salido d& la adolescencia. La vida se le empieza a complicar; la crisis general del país en el año 29 coincide con los problemas económicos de su familia, luego morirá su madre, sus tíos. . . Donde se vislumbra claramente ese aspecto es en un viaje a Arequipa; ocupaba un cargo en la Sección Legal del Banco Agrícola y es enviado allá, donde sin los controles o frenos familiares se manifiesta muy liberado de restricciones, empieza a llevar una vida bohemia. —¿Recuerda usted alguna manía que tuviera? —Tenía ciertos temores, temores infundados que lo obligaban a no pasar por determinado lugar, de manera inesperada. Muchas veces nos obligó a dar la vuelta a la manzana para no pasar delante de esos lugares. —S/n duda, usted de/ó de frecuentarlo hace mucho tiempo. ¿Ha visto esas últimas y patéticas fotografías suyas? —Sí, está inconocible, no queda rastro de lo que fue. El era un hombre muy delgado, de espaldas estrechas. Le contaré una anécdota: Nosotros éramos amigos de Jorge Guillermo Le. guía, quien por los años 30 fue nombrado Director del Museo Bolivariano. Solíamos visitarlo y salíamos a beber un buen vino de entonces. Una noche, después de algunas copas, regresamos al Museo y nos dio por hacer algunas cosas raras. Una de las cosas raras fue probarnos la casaca de Bolívar. Recuerdo que don Quillermo la sacó de la vitrina y empezamos a probárnosla. Á nadie le quedó, salvo a Martín Adán, gracias a sucontestura muy delgada, muy pobre de huesos y carnes, con una disposición a corto plazo a la tuberculosis y Bolívar lo era. —¿Nos cuenta una última anécdota? — Veamos. . . Durante su estadía en Arequipa, Martín Adán conoció a José Luis Bustamante y Rivero, quien se divertía mucho oyéndole sus originalidades, sus chistes. En u na oportunidad, estando en una reunión campestre, don José Luis reía délas cosas que él decía, Martín Adán lo miró y le dijo con tono firme: "No sea usted cojudo José Luis, que usted será presidente del Perú". *Versos del poeta peruano Luis Hernández.